1. Presiona los codos en tu pecho. Mientras más presionados mayor estabilidad.
2. Levanta y apóyate en el hombro izquierdo. Es necesario que uses el ojo izquierdo y también puedes apoyar el codo en tu cuerpo. Y justo antes de exhalar presiona el botón.
3. Forma un trípode con tus rodillas. Y podrás apoyar tu codo para lograr la estabilidad.
4. Tírate al suelo. Al dejar tu cámara en el suelo quedará inclinada hacia abajo pero puedes usar tus manos como soporte para recuperar el ángulo.
5. El revolver. Esta es una técnica rara y simula la pose que usaban los pistoleros en las peliculas del lejano oeste... si a ellos le funcionaba ¿por qué a ti no? XD
6. La cuna. Esta es una mezcla entre la segunda y la tercera.
martes 29 de julio de 2008
CONSEJILLOS - fotos no movidas
Cuando es de dia, pues el problema normalmente es minimo, con abrir el obturador y regular la luz creo que por lo menos nosotros los aficionados, nos la jugamos, pero ya en la tarde y en la noche el flash tiende a ser nuestro mejor compañero, pero bien que mal las fotos pierden todo el juego de luces que nos hubiera gustado plasmar en la foto, asi que me encontre por ahi estos 6 consejillos de como logra tener un poco mejor de firmeza para no mever tanto la cámara.
viernes 25 de julio de 2008
INSPIRACION Y MAGIA - ron mueck
Ron Mueck es un escultor hiperrealista australiano, con un talento y habilidad manual envidiables.Su origen profesional fue en el mundo de los efectos especiales para el cine. Sin embargo ya había dado un paso hacia el mundo del arte aprovechando su talento para desarrollar creaciones plásticas con un realismo sorprendente.Y simplemente es increible los efectos y sensaciones que ha logrado causarme con solo ver las fotografias, no podria imaginarme que sentira, estar frente a una de estas esculturas tan geniales!




jueves 24 de julio de 2008
SIMPLEZA Y EFECTIVIDAD - el animador
Esta es una pequeña muestra de publicidad argentina, la cual de paso me parece que es de las mas desarrolladas en America Latina hasta el momento, por lo cual me quito en el sombrero.
En fin es para mi un anuncio super efectivo, atacando un problema muy actual y de una manera simpatica, sencilla pero muy muy efectiva.
Mis aplausos para este comercial.
En fin es para mi un anuncio super efectivo, atacando un problema muy actual y de una manera simpatica, sencilla pero muy muy efectiva.
Mis aplausos para este comercial.
INSPIRACION Y MAGIA - neil duerden
NEIL DUERDEN. Tal vez muchos conozcan algunas obras ya de este reconocido ilustrador aleman cuyas habilidades en Ilsutrator y Photoshop van mas haya del simple uso de herramientas, sino una combinacion mágica, de fantasia con realidad entre-mezclada de ilusiones, colores, persepciones y un gran sentido del gusto y el arte lo hacen ser sin duda alguna una de mis mayores inspiraciones, y no podia dejar de postearlo aca.
Estos son algunos de sus trabajos.




Estos son algunos de sus trabajos.




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neil duerden ilustrador
EL TINTERO Y LA PLUMA - jacques sagot
Senti curiosidad por comentar y postear todas aquellas pequeñas o grandes cosas a nivel de arte, comunicacion y diseño que me parecen interesantes y estoy seguro que alguien mas podria pensar, de manera similar o mejor aun de forma contraria, lo que fomentaria una discusion demasiado interesante asumo, asi q este blog es mi nuevo experimento, ahora bien deseo iniciar compartiendo con ustedes un escrito de Jacques Sagot el cual me parece que toca un punto sumamente importante, en la publicidad y en la vida cotidiana de estos nuevos y atropellados tiempos. Espero les guste
COMO UTILIZAR LA LUZ DE UN COMETA PARA ALUMBRAR UN BURDEL
Tal parece que hoy no se es mujer a menos que se tengan las piernas de Sharon Stone, los senos de Pamela Anderson, el lunar de Cindy Crawford y las nalgas de Jennifer López.
La belleza plástica, la proporción de la forma y el esplendor puramente cosmético constituyen la definición, la esencia misma de la mujer contemporánea. La modelo, la vedette de almanaque, la beldad "oficial" son en nuestra sociedad productos de consumo, objetos fabricados para el manoseo mental de la turba, adorno de portadas, sonrisas de cartón, carnada de las pancartas publicitarias. Son deidades ungidas por la sociedad de consumo, fetiches de las masas ciegas, sordas y mudas, ídolos efímeros ante los cuales se prosternan tan sólo los peleles.
Digámoslo alto y claro: por bella que sea, una mujer no es, no puede ser, nunca será una mera calcomanía, un logotipo, un emblema del consumismo auto gratificador. Son muchas las jóvenes que creen tocar el cielo cuando ven esos ojos, esa boca, esos senos suyos merecedores de tan diferente homenaje, engalanar los anuncios de carros, de cigarrillos o cerveza. ¡Valiente titulo de gloria: el saberse la fantasía masturbatoria de una pacotilla de jetas!
¡Usar el cuerpo de la mujer para vender porquerías es como utilizar la luz de un cometa para alumbrar un burdel!
La reducción de la mujer a sus meros atributos físicos es, entre todos los artificios de manipulación que el hombre ha creado para su satisfacción personal, uno de los más viles y nocivos. Entendámoslo de una vez: la mujer no vino al mundo para fungir como un puntual y solícito agente del placer masculino, su misión no estriba en proveer la constante gratificación del macho. ¿Es acaso que unas libras de más privan automáticamente a una mujer de su derecho a ser amada? ¿Por qué si esas son las reglas del juego, lo justo sería que también los hombres, árbitros intransigentes y absolutos de la belleza - se sometan a ellas?
Exijámosle entonces a cada pretendiente la musculatura de Schwarzeneger, la sonrisa de Cary Grant y la gangsteril sexualidad de Robert De Niro: ¡A ver qué pasa! El efecto de tales expectativas sobre el hipertrófico ego del macho latino sería tan devastador, que de inmediato tendríamos una legión de neuróticos e impotentes sexuales por hombres. Y sin embargo, este es, ni más ni menos, el tratamiento que durante siglos hemos infligido a la mujer. Una de las más interesantes --y divertidas-- consecuencias de la liberación femenina es que ahora la mujer puede también darse el lujo de "cosificar" a su compañero, y darle a probar de su propia medicina: compararlo, medirlo, convertirlo en objeto estético y comentar sus dones - o falta de ellos - abierta y desenfadadamente. Ya veremos cuanta inseguridad genera esto en aquellos que alguna vez se autoproclamaran pontífices incontestables de las formas y volúmenes físicos.
No me malentiendan. Nada tan lejos de mí como despreciar la belleza corporal, o ensayar aquí una apología de la fealdad. Bien que mal soy músico y, como todos los de mi gremio, padezco de una incurable debilidad por la magnificencia de los contornos y las texturas. Sostengo tan sólo que la belleza es plural, y se presenta en tantas formas como mujeres hay. No es, en última instancia, la belleza la que suscita el amor, sino el amor el que engendra la belleza.
Mujeres del mundo: cesen de una vez por todas de atormentar sus cuerpos con cirugías plásticas, liposucciones e implantes de silicón a fin de conformar con un arquetipo arbitrario y convencional de belleza, o de secundar los caprichos de algún mae. El problema no está en ustedes, sino en la trágica miopía de sus compañeros, de esos pobres ilusos que tienen la luna en sus manos y aún no se han dado cuenta.
Las mujeres siempre serán bellas, porque jamás conocí a una mujer que no lo fuera. Nada tan hermoso como el cuerpo de la mujer que lleva las marcas de la vida, del trabajo, de la maternidad: desde el punto de vista puramente cosmético es quizás menos glamoroso, pero el hombre sensible sabe reconocer en él la prueba de un rasgo sublime: la capacidad de amar algo o a alguien más que a sí misma, de postergar su propio ser en aras de un hijo, de una obra, de una misión trascendente.
Las arrugas no son vejaciones infligidas por el tiempo, son antes bien títulos de gloria, condecoraciones que la vida nos confiere. Hay fuego en la mujer joven, pero en la mujer madura hay luz, esa luz purísima que vivifica en lugar de abrasar. El mundo esta harto de chiquitas relamidas y carilindas. Denme una mujer verdadera, una mujer con letras Mayúsculas: MUJER, y guárdense a sus muñequitas de almanaque, tan plásticas y deleznables como el papel en que sus sonrisas están impresas.
Denme la mirada alucinada de Juana de Arco cuando auscultaba el silencio; la frente umbría de Marie Curie, altiva en la solitaria vigilia de su trabajo; los senos pródigos de la libertad que conduce al pueblo, tal como lo soñara Delacroix; las manos de Camille Claudel, domadoras del bronce; el delirio de Isadora Duncan; las abismales visiones de Frida Kahlo, la pureza y la humildad magnífica de la Virgen María: he ahí el linaje de mujeres que el mundo necesita desesperadamente. Lo demás, señores, es mera superficialidad.
COMO UTILIZAR LA LUZ DE UN COMETA PARA ALUMBRAR UN BURDEL
Tal parece que hoy no se es mujer a menos que se tengan las piernas de Sharon Stone, los senos de Pamela Anderson, el lunar de Cindy Crawford y las nalgas de Jennifer López.
La belleza plástica, la proporción de la forma y el esplendor puramente cosmético constituyen la definición, la esencia misma de la mujer contemporánea. La modelo, la vedette de almanaque, la beldad "oficial" son en nuestra sociedad productos de consumo, objetos fabricados para el manoseo mental de la turba, adorno de portadas, sonrisas de cartón, carnada de las pancartas publicitarias. Son deidades ungidas por la sociedad de consumo, fetiches de las masas ciegas, sordas y mudas, ídolos efímeros ante los cuales se prosternan tan sólo los peleles.
Digámoslo alto y claro: por bella que sea, una mujer no es, no puede ser, nunca será una mera calcomanía, un logotipo, un emblema del consumismo auto gratificador. Son muchas las jóvenes que creen tocar el cielo cuando ven esos ojos, esa boca, esos senos suyos merecedores de tan diferente homenaje, engalanar los anuncios de carros, de cigarrillos o cerveza. ¡Valiente titulo de gloria: el saberse la fantasía masturbatoria de una pacotilla de jetas!
¡Usar el cuerpo de la mujer para vender porquerías es como utilizar la luz de un cometa para alumbrar un burdel!
La reducción de la mujer a sus meros atributos físicos es, entre todos los artificios de manipulación que el hombre ha creado para su satisfacción personal, uno de los más viles y nocivos. Entendámoslo de una vez: la mujer no vino al mundo para fungir como un puntual y solícito agente del placer masculino, su misión no estriba en proveer la constante gratificación del macho. ¿Es acaso que unas libras de más privan automáticamente a una mujer de su derecho a ser amada? ¿Por qué si esas son las reglas del juego, lo justo sería que también los hombres, árbitros intransigentes y absolutos de la belleza - se sometan a ellas?
Exijámosle entonces a cada pretendiente la musculatura de Schwarzeneger, la sonrisa de Cary Grant y la gangsteril sexualidad de Robert De Niro: ¡A ver qué pasa! El efecto de tales expectativas sobre el hipertrófico ego del macho latino sería tan devastador, que de inmediato tendríamos una legión de neuróticos e impotentes sexuales por hombres. Y sin embargo, este es, ni más ni menos, el tratamiento que durante siglos hemos infligido a la mujer. Una de las más interesantes --y divertidas-- consecuencias de la liberación femenina es que ahora la mujer puede también darse el lujo de "cosificar" a su compañero, y darle a probar de su propia medicina: compararlo, medirlo, convertirlo en objeto estético y comentar sus dones - o falta de ellos - abierta y desenfadadamente. Ya veremos cuanta inseguridad genera esto en aquellos que alguna vez se autoproclamaran pontífices incontestables de las formas y volúmenes físicos.
No me malentiendan. Nada tan lejos de mí como despreciar la belleza corporal, o ensayar aquí una apología de la fealdad. Bien que mal soy músico y, como todos los de mi gremio, padezco de una incurable debilidad por la magnificencia de los contornos y las texturas. Sostengo tan sólo que la belleza es plural, y se presenta en tantas formas como mujeres hay. No es, en última instancia, la belleza la que suscita el amor, sino el amor el que engendra la belleza.
Mujeres del mundo: cesen de una vez por todas de atormentar sus cuerpos con cirugías plásticas, liposucciones e implantes de silicón a fin de conformar con un arquetipo arbitrario y convencional de belleza, o de secundar los caprichos de algún mae. El problema no está en ustedes, sino en la trágica miopía de sus compañeros, de esos pobres ilusos que tienen la luna en sus manos y aún no se han dado cuenta.
Las mujeres siempre serán bellas, porque jamás conocí a una mujer que no lo fuera. Nada tan hermoso como el cuerpo de la mujer que lleva las marcas de la vida, del trabajo, de la maternidad: desde el punto de vista puramente cosmético es quizás menos glamoroso, pero el hombre sensible sabe reconocer en él la prueba de un rasgo sublime: la capacidad de amar algo o a alguien más que a sí misma, de postergar su propio ser en aras de un hijo, de una obra, de una misión trascendente.
Las arrugas no son vejaciones infligidas por el tiempo, son antes bien títulos de gloria, condecoraciones que la vida nos confiere. Hay fuego en la mujer joven, pero en la mujer madura hay luz, esa luz purísima que vivifica en lugar de abrasar. El mundo esta harto de chiquitas relamidas y carilindas. Denme una mujer verdadera, una mujer con letras Mayúsculas: MUJER, y guárdense a sus muñequitas de almanaque, tan plásticas y deleznables como el papel en que sus sonrisas están impresas.
Denme la mirada alucinada de Juana de Arco cuando auscultaba el silencio; la frente umbría de Marie Curie, altiva en la solitaria vigilia de su trabajo; los senos pródigos de la libertad que conduce al pueblo, tal como lo soñara Delacroix; las manos de Camille Claudel, domadoras del bronce; el delirio de Isadora Duncan; las abismales visiones de Frida Kahlo, la pureza y la humildad magnífica de la Virgen María: he ahí el linaje de mujeres que el mundo necesita desesperadamente. Lo demás, señores, es mera superficialidad.
Jacques Sagot.
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